domingo, 6 de agosto de 2017

Jorge Faurie, y un empujón a Venezuela desde Uruguay


Apurados antes de que se les haga tarde


Viviana Taylor


Hace unos días, el 3 de agosto para ser precisa, nos enteramos por un tuit de la propia Cancillería argentina que “el canciller Jorge Faurie fue recibido por su par del Uruguay, Rodolfo Nin Novoa, en el Palacio Santos de Montevideo”.




Alicia Castro, quien fue embajadora argentina en la República Bolivariana de Venezuela y ante el Reino Unido -y que sobre esto la sabe lunga- lo retuiteó interpretando que “Mejor explicado: Jorge Faurie fue a Montevideo a presionar a su par para expulsar a Venezuela del Mercosur.” Concisa, pero no tan reveladora como su acotación: “Apurando Libre Comercio con la UE”.

Esta mañana nos desayunamos con la noticia de que así, efectivamente, ha sido. Al menos la primera parte. Según ámbito.com Faurie “respaldó” la postura uruguaya de haberse sumado a los países que elevaron las sanciones a Venezuela. Curiosa elección del verbo, cuando el supuesto respaldo consiste en la celebración de la propia efectividad para ejercer presión. Curiosa elección cuya propia efectividad se disuelve en el mal disimulado desprecio por los valores de la izquierda que supuestamente le reconocería al gobierno uruguayo, con el revelador uso del adverbio también: “Hay que reconocer que es una actitud de coraje por parte de Uruguay, gobernado por un frente político asentado en valores de izquierda, y ser de izquierda también significa respetar las libertades, respetar el republicanismo y el respeto a los derechos humanos, frente a todo lo que ocurre en Venezuela”. Delicias del pensamiento cuya verdad se cuela por los intersticios del lenguaje.
Para Faurie la solución en Venezuela “pasa por generar una transición validada por un proceso electivo (…) legítimo y que durante él no se reprima, no se encarcele, pero Argentina no es la que pone condiciones”. Mal parado está el gobierno argentino para poner condiciones cuando hoy se cumplen 568 días de la detención ilegal de la dirigente social y Parlamentaria del Parlasur Milagro Sala por disposición del gobernador jujeño Gerardo Morales, detención sobre la que pesa la disposición de liberación de la CIDH, y cuando seguimos reclamando la inmediata aparición con vida de Santiago Maldonado, desaparecido desde el 1º de agosto en medio de la violenta represión de Gendarmería al Lof Cushamen (Chubut). Mal parado como para poner condiciones, pero -sin embargo- lo hace. Incluso presionando gobiernos de países hermanos en complicidad con el golpista Temer, al frente del ejecutivo brasileño.


¿Quién es Faurie?

Jorge Faurie fue vicecanciller de Ruckauf durante el gobierno de Duhalde, hasta que renunció en medio de una muy complicada situación, y fue enviado a desempeñarse como embajador en Lisboa, donde estuvo 9 años. Uno de los hechos por los que se lo recuerda por aquel paso por la Cancillería es por haber sido quien acompañó al entonces presidente uruguayo Battle a la quinta de Olivos a entrevistarse con Duhalde, cuando le pidió disculpas al pueblo argentino por habernos llamado “ladrones”. Sin dudas, es mucho más interesante la historia acerca de por qué y cómo dejó su cargo.

Y lo cuenta Clarín, quien por entonces no se imaginaba que 12 años más tarde Faurie sería uno de los hombres del equipo de política exterior de Sergio Massa (junto con Santiago Cantón, Andrés Cisneros y Martín Redrado, con Sebastián Velesquen como armador) ni que el propio Massa sería uno de sus candidatos de alternancia. Mucho menos imaginaba que 15 años después Massa se lo cedería como prenda al gobierno del PRO-Cambiemos en una nueva evidencia de que todos los huevos de Magnetto terminan en la misma canasta.

Vamos a la nota de Clarín, del 16 de agosto de 2002, en la que calificaba a Faurie como “la primera víctima política del escándalo por las cuentas menemistas en Suiza”.
En ella se cuenta que Faurie era quien le había renovado el pasaporte diplomático a Ramón Hernández, amigo, secretario privado y socio comercial de Menem (en Costes S.R.L., con domicilio legal en el Alvear Palace Hotel, una empresa que además no tenía declarada). Y el pasaporte diplomático en cuestión le había permitido pasar aduanas sin ningún control. Pasaporte que, además, Hernández nunca devolvió.
A pesar del escándalo (que no terminó de estallar) la historia no terminó tan mal: el castigo se revistió de traslado, y así fue como Faurie fue a dar a la embajada argentina en Portugal. Dicho sea de paso, destino que le vino de maravillas para perfeccionar su portugués, que le serviría para entenderse tan bien con el gobierno del golpista Temer, para colaborar en la re-derechización de la región durante este nuevo período de restauración conservadora neoliberal.
Para ocupar el cargo que dejó vacante en la vicecancillería, fue designado Martín Redrado (con quien tiempo después coincidirían en el equipo de política exterior massista, como ya vimos), quien hasta entonces estaba a cargo de la secretaría de Relaciones Económicas Internacionales.
Y 15 años más tarde Faurie vuelve a probar las mieles de los gobiernos neoliberales con Macri. Como si no tuviera capacidad de enmienda, otra vez está enrollado con un presidente implicado en un escándalo internacional por cuentas offshore vinculadas a la evasión: esta vez no en Suiza sino en Panamá. Conociendo el paño, no vendría mal ir controlando a quién le está concediendo pasaportes diplomáticos: no vaya a ser cosa que nos estén filtrando las fronteras…

Faurie y las mieles del libre comercio

Hago estas referencias a su participación en el mismo equipo con Redrado, Cantón y Cisneros (para saber quiénes son: Sergio Massa presentó su equipo de Política Exterior) porque es clave para entender no sólo su posicionamiento ideológico frente a la política exterior argentina, sino que  permite comprender el encabalgamiento (por no decir identidad compartida) entre las políticas del Frente Renovador y del PRO, núcleos duros de las actuales alianzas coyunturales dadas en llamarse 1País y Cambiemos.



Seguramente recordarán el momento en que estalló el escándalo por la filtración de los cables de las embajadas de Estados Unidos, a través de Wikileaks. En ese momento, Redrado quedó expuesto como el economista de cabecera de la embajada estadounidense en Argentina, muy a pesar de ambas partes, que sin dudas habrían preferido que esto quedara en las sombras. Tanto es así que en uno de los cables filtrado, fechado en marzo de 2007, quedó escrito que Redrado había pedido dos veces que se protegiera estrictamente su identidad para preservarlo como informante privilegiado de la embajada. Y a partir de allí, todos los cables que lo mencionan agregan a su nombre la referencia “(PROTEGER ESTRICTAMENTE)”. A su vez, la embajada le pidió en numerosas ocasiones hacer lobby en el gobierno en favor de sus intereses: la reserva estaba mutuamente garantizada, y ninguna de las partes contaba con que la filtración iba a ser posible.
Lo que no es tan conocido es cuándo fue la primera vez que Martín Redrado apareció en cable: no fue esa, ni fue en Argentina. Redrado fue nombrado por primera vez en un cable de octubre de 2003 de la embajada estadounidense en Brasilia, cuando era vicecanciller de Duhalde, puesto en el que como ya vimos había sucedido a Faurie (parafraseando a Mariano Moreno, habían mudado de operador sin cambiar de operación; o, con más justicia, apelando al gatopardismo, habían cambiado algo para poder mantener todo igual). En ese cable se lo señala como un aliado en el proyecto de EEUU para crear una zona de libre comercio desde Alaska hasta Tierra del Fuego: el ALCA.

 Este cable es muy importante para comenzar a devanar la madeja cuyo hilo seguimos desenredando hoy: en él, la entonces embajadora de EEUU en Brasil Donna Hrinak, cuenta que el único obstáculo para la creación de un tratado de libre comercio continental era el gobierno de Luiz Inácio da Silva (Lula), quien apoyaba la propuesta que había presentado su canciller Celso Amorim en la cumbre de cancilleres del Mercosur, que se había celebrado en Trinidad y Tobago la semana anterior. La propuesta que Amorim había presentado en nombre del Mercosur reducía al ALCA a casi nada, ya que delegaba los temas que le interesaban a EEUU a la negociación dentro de la Organización Mundial del Comercio (OMC). El cable también cuenta cómo operó  Martín Redrado -quien era el presidente de la delegación argentina y que por entonces era secretario de Comercio Exterior-: se había retirado de la cumbre un día antes para no estar en la votación, y así lograr disimular con su estratégica ausencia la toma de distancia de Brasil y del Mercosur, en favor de los intereses de EEUU.

 Para esa fecha, Néstor Kirchner hacía apenas 6 meses que estaba en el gobierno, y Hugo Chávez 4 años. Todavía nada permitía imaginar que dos años más tarde, Lula, Néstor y Chávez se unirían para derrotar al ALCA en la histórica cumbre de Mar del Plata en 2005, a partir de la cual pasó a ser considerado un proyecto prácticamente muerto. Esa misma cumbre que Andrés Cisneros  (otro de los miembros del equipo de política exterior de Massa antes nombrado) calificó en su momento como “el papelón de Mar del Plata” y que dejó a Martín Redrado tratando de hacer un malogrado equilibrio entre los intereses de la embajada a la que servía y sirve (que no es precisamente la argentina) y el gobierno del que participaba (que sí era argentino y contra cuyos intereses soberanos y regionalistas luchaba).

¿Cuáles eran esos intereses que la embajada de EEUU buscaba proteger y el ALCA pretendía instrumentar? 
Acuerdos de servicios, inversión, propiedad intelectual y compras del gobierno. En un posteo que publiqué el 3 de agosto de 2014 me ocupo de este tema (hay toda una sección que hoy nos puede ayudar a comprender la crisis de precios de los medicamentos en nuestro país), imprescindible para cualquier análisis sobre qué es lo por entonces que estaba en juego, y por qué hoy salta a nuestra agenda, compartida por el gobierno del PRO-Cambiemos, cuyos intereses parecerían ser subsidiarios de los de EEUU y -sin dudas- de las corporaciones que representa. Un simple vistazo alcanza para avizorar cómo fue que pasamos tan rápidamente de un modelo de país a uno de dependencia.



Volvamos a la historia: caído en desgracia el ALCA, la embajada de EEUU comenzó a mostrar un creciente interés por la Organización Mundial del Comercio (recordemos que la propuesta de Amorim le delegaba la negociación de los temas que le interesaban a EEUU). Pero no le salió bien: la OMC también sumó fracasos en sus intentos por lograr un acuerdo a nivel mundial: Argentina -como la mayoría de los países en desarrollo- se negaba a cualquier acuerdo si antes los países desarrollados no reducían los subsidios e impuestos a las importaciones en el sector agrícola; y los EEUU –como la mayoría de los países desarrollados- bregaban por un tratado que incluyera transparencia en las compras de gobierno, reglas aduaneras uniformes y acuerdos para facilitar la inversión extranjera y garantizar la competitividad. Dicho de otro modo, mientras los países desarrollados pedían un acuerdo igualitario entre desiguales, los países en desarrollo pedían hacer efectivas esas supuestas condiciones de igualdad a través de un trato equitativo.

Una pequeña acotación al margen: es interesante recordar que mientras EEUU, la OMC y el representante de estos intereses en Argentina Martín Redrado (por entonces Presidente del Banco Central) presionaban a Argentina para liberar los impuestos a las importaciones agrícolas (tal como años después haría apenas asumido el gobierno de Mauricio Macri) internamente se promovió el enfrentamiento entre el gobierno y "el campo" contra las retenciones, que fogonearon empresas multinacionales vinculadas con estos intereses externos. Sugestivo ataque de pinzas con pedidos contradictorios cuya conciliación sólo podía llevar a la quiebra del mercado interno y de los pequeños productores agrícolas, como podemos constatar un año y medio después de -finalmente- tomadas estas medidas. Esas presiones llevaron a la derrota del oficialismo (por entonces el primer mandato de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner) en las elecciones legislativas del 2009, e inició un período de dos años en que se consolidó el autodenominado Grupo A (legisladores opositores al entonces gobierno nacional, encabezados por Patricia Bullrich, que mantuvieron inmovilizada la actividad parlamentaria) que si bien perdió la mayoría parlamentaria en las elecciones de 2011 no dejó de operar contra el gobierno a través del intento de obstaculización del tratamiento de proyectos o el denuncialismo serial). Las fuerzas políticas que conformaron el Grupo A lograron acceder al gobierno nacional en 2015 participando de la alianza electoral bajo la denominación Cambiemos, y dejaron en claro el rumbo de los nuevos objetivos: en apenas 7 días lograron que Argentina retrocediera 40 años, y en un año y medio la sumieron en una crisis económica y social comparable a la del 2001, acompañada por censura mediática y represión, como no se habían vuelto a vivir desde la vuelta de la democracia en 1983).



Si bien el fracaso de los intereses de  EEUU en la OMC  se debió a que la mayoría de los países en vías de desarrollo se negaron a suscribir acuerdos de los que no habían participado (a los que se pretendía llegar a través del sistema de la Sala Verde, que consiste en que un pequeño grupo redacte los acuerdos a los que los demás países deben suscribir); el golpe más fuerte lo dieron los organismos regionales y de países emergentes, que le confirieron un marco más equitativo y económicamente sustentable a la proliferación de acuerdos bilaterales y regionales por fuera del control de Estados Unidos, Canadá, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.



 Estos hechos son los que le dan contexto y permiten significar la propuesta de política exterior sobre la que mediáticamente se insistió durante la campaña electoral 2015 -sumarnos a la Alianza del Pacífico- y no casualmente coincidió con el progresivo retiro de los gobiernos populares de América Latina, que habían construido este proceso de fortalecimiento de la región. Un proceso de fortalecimiento que posibilitó que el Mercosur pudiera ser replanteado en su matriz política, social y cultural, y que se pudieran conformar la UNASUR y la CELAC, generando una nueva institucionalidad pensada desde la perspectiva de la generación de empleo, la inclusión social, la distribución de la riqueza, la integración productiva, la potenciación del mercado regional, y la complementariedad entre pueblos y gobiernos. 
Un proceso de fortalecimiento que fue revertido por los nuevos gobiernos de derecha que en la región han vuelto a su viejo apotegma de cambiar futuro por pasado, y que parecen estar autogenerando su propia crisis fatal. Una reversión que ya durante la cumbre de la CELAC-UE del 2013 se podía anticipar en caso de que las derechas volvieran a ser hegemonía en la región, cuando en Santiago de Chile  se produjo el encuentro de los mandatarios de los países de América Latina y de Europa. Durante esa cumbre quedaron en claro las diferencias entre los por entonces dos bloques regionales latinoamericanos: un bloque congregado en torno del Mercosur, que desconfiaba de la globalización y otorgaba al Estado un papel más importante en la economía; y otro bloque, compuesto por los gobiernos adscriptos a la Alianza del Pacífico, que promovía el libre comercio y la apertura del mercado.

En síntesis, dos posiciones diferentes, que representan procesos diferentes, con objetivos contradictorios y que implican modelos políticos que benefician a sectores sociales distintos. No son compatibles. No son combinables. Y viendo el proceso que se está desarrollando en el interior de cada país respecto del impacto en la calidad de vida y en la equidad de acceso a los bienes materiales y simbólicos entre distintos sectores de su población, está cada vez más claro cuánto hemos perdido con el cambio: quienes nos proponían alinearnos con la Alianza del Pacífico, la OMC y la UE son funcionales a los intereses que se impulsan desde los Estados Unidos y que están al servicio del capital financiero globalizado, tan alejado de los intereses del pueblo… que es un concepto que ni siquiera contemplan en sus argumentos.



Apurando tratados con la Unión Europea

Volvamos a Faurie, su viajecito a Uruguay, y al comentario de Alicia Castro, que pone el foco en las intenciones del gobierno de Mauricio Macri: alcanzar un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) antes de fin de año.
Hasta ahora este acuerdo no había sido posible por la vocación proteccionista de los gobiernos de cuna populista, pero puesta de costado Venezuela esta posición se debilitó aún más, ya herida por el cambio de orientación de los gobiernos, especialmente de Argentina y Brasil.
El proteccionismo regional hasta no hace mucho imperante se proponía -valga la redundancia- proteger los procesos de industrialización de los países del Mercosur, ante la amenaza de tratados inequitativos que llevarían a que los países más desarrollados los condenaran a exportar bienes primarios, con el consecuente deterioro de sus precios frente a los más elaborados.
Los argumentos que buscan borrar estas barreras sostienen que la extensión del proteccionismo a través de los derechos de importación produjo un deterioro de la competitividad industrial, con menores salarios y menos crecimiento. Sin embargo, las políticas económicas de apertura que están llevando estos gobiernos al interior de cada país han redundado en mayor ajuste, caída de la capacidad de consumo, deterioro de las condiciones de trabajo y aumento del desempleo, y están revirtiendo los procesos de industrialización a través del cierre de industrias y la reconversión de un creciente número de empresas antes productivas en importadoras… Todo esto sin impacto verificable en el crecimiento preanunciado.
Sólo por acercar algunos datos para clarificar el grado de verdad de estos argumentos:
·        Durante la etapa inicial de este proceso proteccionista, y según datos del Banco Mundial, en Argentina la clase media se duplicó entre 2003 y 2009 (de 9,3 millones a 18,6 millones). Y, aunque sin ese dramatismo, siguió creciendo hasta 2015 inclusive.
·        La transferencia regresiva que está llevando a cabo el gobierno de Mauricio Macri comenzó con la eliminación total de las retenciones a las exportaciones agrarias y la reducción de 5 puntos a la de la soja: en 2016 representaron una pérdida de recursos fiscales de 5.000 millones de dólares (1 punto del PBI). El efecto inflacionario de la combinación 0 retenciones + devaluación impactó directamente en el precio de los productos de consumo popular.
·        La quita de retenciones a las empresas mineras generó un negocio mayor a las multinacionales: la salida de minerales sin valor agregado. Fray Luis Beltrán (Santa Fe) es uno de los pueblos amenazados con convertirse en fantasma, por el cierre de la fábrica que producía ácido sulfúrico y zinc electrolítico (lo que impactó directa e indirectamente en todos los sectores del pueblo). En idéntica situación de peligro de extinción está desde enero de 2017 el 40% de los pueblos rurales argentinos.
·        La producción de calzado entre 2001 y 2015 creció de 36 a 125 millones de pares. Con la apertura de las importaciones la producción local bajó a 111 millones en 2016, mientras la importación subió de 21 a 27 millones de pares entre 2015 y 2016 (28,6%)
·        El impacto sobre la industria textil llevó a la declaración de emergencia económica a Luján y San Martín (Pcia de Buenos Aires).
·        Macri firmó un acuerdo bilateral comercial con el magnate  chino Liang Wengen (Macri tiene inversiones privadas en su empresa China Communications Construction Company, que ya ha participado de uniones transitorias con IECSA). Por este acuerdo Wegen construirá viviendas en las provincias beneficiadas con el Plan Belgrano y participará en el equipamiento para la generación de energía eólica y solar. Paralelamente, la Cámara Argentina de la Construcción denuncia 245.466 despedidos y suspendidos desde mediados de 2016.
·        En febrero de 2017 Atanor cerró sus plantas de Munro y Baradero, y se transformó en importadora de parte de su antigua producción de glifosato. A mediados de abril el conflicto se extendió a otras plantas del sector químico-petroquímico: Linde (San Martín), Quipro (Campana), Carboclor (Campana), Agrofina (Vicente López).
·        Un ejemplo curioso: YPF compró este año 500 mil pelotas de fútbol chinas para canjear en su sistema de puntos. Antes las compraba en Bell Ville (Córdoba): la fábrica “Dale más” echó trabajadores por primera vez en décadas y está complicada la situación económica de toda la localidad.
·        Desde 2016 más del 50% de la población percibe ingresos por debajo de los necesarios para cubrir la canasta básica (datos del INDEC. Encuesta Permanente de Hogares).

Joseph Stiglitz –economista estadounidense, ganador del Premio Nobel en 2001- ha analizado en varios artículos que pueden encontrarse en la red, que a menudo muchos países aceptan los tratados de libre comercio bajo la promesa de que permitirán lograr mejores tasas de empleo, mayores índices de inversión y ayudarán a alcanzar un crecimiento sostenido.
Esta es la base de los argumentos que sostiene el gobierno de Cambiemos y el equipo de política exterior que comparte con 1País (que no se sonroja ante las contradicciones con lo que parecería proponer su equipo económico): Si hay confianza habrá inversiones y volverán los flujos de dólares. Y esa confianza la traducen en eliminación de retenciones, reducción al mínimo del control de las importaciones, anulación del control de cambio de divisas, y subordinación de la soberanía jurídica a los tribunales extranjeros afines al capitalismo financiero.
Sin embargo, las regulaciones que se empeñan en desconocer fueron creadas para otorgar cierta protección a los trabajadores (a los que combaten con propuestas de flexibilización laboral y estigmatización/persecución de los abogados laboralistas), a las industrias nacionales (a las que someten a la competencia entre desiguales, concentrando la producción y destruyendo el incipiente proceso de industrialización que se estaba desarrollando), y el medio ambiente (al que soslayan completamente). Sin importar los argumentos que esgriman, ya es cada vez más evidente que desmantelar las regulaciones significó debilitar a los actores nacionales frente a los internacionales. Amparados en el discurso de una libertad que prometen, sólo garantizan dependencia. Una dependencia que, dados los antecedentes que cargan sobre sus espaldas, no podemos considerar que se deban solo a cuestiones ideológicas: cuando se han puesto tan directamente al servicio de intereses ajenos al país y al orden democrático, exceden la consideración de la posible honestidad intelectual de sus argumentos. Son lobbistas. Están dispuestos a todo. Y no están al servicio de los intereses argentinos.

Por otra parte, ¿cómo distraernos de que esta es una película que ya hemos visto y cuyo final conocemos?

Viviana Taylor





jueves, 1 de junio de 2017

Revolución de Mayo. La Revolución Inconclusa




(Sobre la clase abierta ofrecida en el Profesorado de Educación Inicial del ISFD 112, en el marco de la conmemoración de la Revolución de Mayo, 2017)




Viviana Taylor

Uno de los recuerdos que tengo asociados a los actos escolares de mi infancia, sigue en mí como una especie de asociación refleja: cada vez que escucho “Revolución de Mayo” en mi cabeza resuene “el Pueblo quiere saber de qué se trata”.

Me sigue pasando. Sigo queriendo saber de qué se trata. Y sospecho que todos los que estamos acá queremos saber de qué se trata.

Por eso, para empezar, vamos a ponernos de acuerdo en qué significamos cuando decimos “REVOLUCIÓN”. Como para entendernos.

Cuando comencé a pensar sobre esto que ahora les propongo pensar juntos, definir REVOLUCIÓN fue un problema. No por el significado en sí de la palabra: una REVOLUCIÓN ES UN CAMBIO RADICAL Y RÁPIDO DE LAS ESTRUCTURAS VIGENTES. Se convirtió en un problema porque al significarla como REVOLUCIÓN DE MAYO se complejizó el concepto. Cuando era una niña que iba al jardín y bailaba el pericón vestida de paisanita lo tenía más claro: nos reuníamos  para celebrar el “cumpleaños de la Patria”. Pero hoy esa idea no me resulta tan clara: uno nace una vez y listo, ya nació, ya está, ya existe.

Mi hipótesis (espero que como docentes en formación y ciudadanas que son se tomen en serio el desafío de refutarla, porque para eso están las hipótesis) es que la Revolución de Mayo es una revolución inconclusa. Una revolución que todavía estamos librando, que continúa. A veces con mayor o menor visibilidad, y por momentos casi clandestinamente. En este sentido, somos herederos de batallas inconclusas, en las que de un lado hay un modelo de país y del otro lado un modelo de colonia.

Para poder seguir pensando en torno de esta hipótesis, necesitamos derribar dos mitos:

1º MITO: HAY VARIOS MODELOS DE PAÍS. No, no hay varios modelos de país: hay un modelo de país. Un modelo de país significa independencia económica, soberanía territorial y política, ciudadanía con derechos. Podrá haber diferentes formas de construirlo, y diferentes momentos en su construcción, pero un país es eso. Frente a eso lo que hay no es otro modelo de país, sino un modelo de colonia, de dependencia.



2º MITO: NO ES NECESARIO QUE UNA REVOLUCIÓN SEA VIOLENTA. Si una revolución, por definición, busca el cambio radical y rápido de las estructuras vigentes, sin dudas va a tocar intereses. Y no hay manera de que eso no provoque una reacción violenta por parte de quienes sientan que pierden privilegios. En nuestra historia, esas reacciones –a veces más sutiles y a veces más dramáticas- siempre han sido brutales, y es importante que aprendamos a reconocerlas porque de estas formas de violencia está atravesada nuestra identidad común.



Hablando de ser herederos de batallas inconclusas… viajemos a 1806. Se había producido la primera invasión inglesa, y el Gral Carr Beresford era el flamante gobernador de Buenos Ayres. El 10 de julio de 1806 Beresford, abrió una oficina en la que se presentaron 50 familias a jurarle fidelidad al Imperio Británico, a cambio de protección a perpetuidad de todos sus bienes para ellos y para las generaciones venideras. La mayoría de esos vecinos permanecen desconocidos porque los documentos firmados fueron destruidos para contribuir a la desmemoria, como vamos a ver que ha sucedido mucho a lo largo de nuestra historia.

Lo que sí sabemos es que en esa reunión también les tomó juramento a los miembros de su flamante regencia. Y que quien hasta entonces había sido el Director de Aduana, Manuel Belgrano, no se había presentado a jurar lealtad al imperio y había renunciado a su cargo. Así que, en su lugar, fue nombrado como Director de Aduana un conocido comerciante español que se dedicaba a traficar esclavos y al contrabando, y que más tarde llegó a ser alcalde de primer voto del Cabildo y Síndico del Consulado de Comercio. Su nombre: José Martínez de Hoz.

Adivinen cuál Director de Aduana terminó pobre y cuál rico él y todas las generaciones venideras.

Toda la línea sucesoria de los Martínez de Hoz está plagada de presidentes de la Sociedad Rural Argentina, un gobernador de la Pcia de Buenos Aires gracias al fraude electoral en la década del 30, y muchos cargos políticos con sus consecuentes juicios por malversación de caudales públicos. Los que la historia argentina tiene más frescos fueron dos de sus homónimos:

José Martínez de Hoz (1895) fue director de La Forestal, una compañía inglesa fundada con capitales franceses y con deuda que toma Argentina en Inglaterra, que constituyó un estado paralelo: tenía ferrocarriles y puertos propios, pagaba a sus trabajadores con pagarés que debían canjear en los almacenes de la empresa, con su propia fuerza de represión, y que dejó devastadas millones de hectáreas en Santa Fe, Chaco y Santiago del Estero, para exportar postes, durmientes y tanino, y con un pago simbólico de impuestos, prácticamente nulo. Además, presidió la Sociedad Rural Argentina.

Su hijo, otro José Martínez de Hoz (1925) fue ministro de Economía de la Pcia de Salta durante la dictadura que se autodenominó Revolución Libertadora (Fusiladora para los enemigos) y de la Nación durante la dictadura cívico-militar-clerical del ’76. Fue el verdadero ideólogo del modelo económico neoliberal: apertura de las importaciones, incentivos para el sector financiero que generaba más ganancias que la inversión productiva (bicicleta financiera), libre disponibilidad de compra de dólares, desindustrialización, endeudamiento externo, sujeción a las medidas recomendadas por el FMI, y una brutal censura informativa y represión bajo la forma de terrorismo de Estado para poder llevarlo adelante. Y aunque en 2010 fue condenado por los crímenes que cometió durante la dictadura, murió gozando de prisión domiciliaria.

Y otro José Martínez de Hoz, hijo del anterior, que viene de asesorar multinacionales en propiedad intelectual, es el actual vicepresidente del Instituto Nacional de Propiedad Industrial por Mauricio Macri. Es el encargado de proteger las patentes de nuestra actividad fabril… Me eximo de mayores comentarios, porque ya fue denunciado por incompatibilidad de funciones.

Volvamos a Beresford. Como sabemos, Buenos Aires fue reconquistada. Para celebrar la victoria, un acaudalado vecino ofreció junto con su esposa un Banquete en honor a los Oficiales de la Reconquista: no era otro que José Martínez de Hoz, flamante ex Director de la Aduana al servicio del Imperio Británico. Y su historia no terminó ahí: en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 apoyó al virrey Cisneros y manifestó su lealtad a España.

¿Por qué me remonté hasta las invasiones inglesas? Porque con ellas (recordemos que hubo otra en 1807) ingresó por primera vez  el modelo de mercado a Buenos Aires, que si bien no era una ciudad económicamente importante (había muy poco, casi nada fuera de contrabando), sí era un elemento clave como punto estratégico y político.

Peguemos un salto en el tiempo. Pasamos los hechos de Mayo de 1810 y todos los que los sucedieron… y llegamos a febrero de 1826. Bernardino Rivadavia, primer presidente de las Provincias Unidas del Río del Plata. Estábamos en guerra con Brasil y eso había apurado la necesidad de un cargo que hasta ese momento no existía: un hombre con bastón de mando y banda presidencial que representara al país en formación.

19 de febrero. Apenas 11 días después de su asunción, llegan a Buenos Aires los últimos hombres que habían peleado casi 14 años a las órdenes de San Martín: el gran enemigo de Rivadavia. ¿Qué los enfrentaba? Cuestiones de modelos, se ve que San Martín era otro populista de esos que creen que hay un modelo de país y un modelo de colonia. Y a él le parecía que lo que proponía Rivadavia no era un modelo de país.

Recordemos que el general San Martín había partido al exilio en 1824, después de dejar a sus Granaderos en manos de Bolívar.

Este ejército, que había sido abandonado por Buenos Aires, se quedó peleando hasta la última batalla a pesar de estar sin recursos. Y recién entonces emprendió la vuelta a Buenos Aires. Después de un mes de marcha desde Mendoza, llegó a la Plaza de Mayo en 23 carretas trayendo lo poco que quedaba del Regimiento de Granaderos a Caballo y del Ejército de los Andes. El único documento que lo prueba son unas líneas en la Gaceta Mercantil que dicen:

Retornan al mando del Coronel José Félix Bogado. A sus órdenes llegan 78 hombres, entre ellos había seis que hicieron toda la campaña desde San Lorenzo hasta Ayacucho: Paulino Rojas, Francisco Olmos, Segundo Patricio Gómez, Damasio Rosales, Francisco Vargas y Miguel Chepoya”.

Nadie conoce en Buenos Aires esos seis nombres: no hay calles, ni plazas, ni estatuas. Nada. Y no sabemos, porque no hay registro,  quiénes son los otros 72 hombres sólo conocidos por Dios y por la Patria. Nadie creyó tener ninguna deuda con esos soldados sucios, llenos de cicatrices y heridas, mutilados, que ataron sus caballos en los palenques de la Plaza de Mayo.

Lo que quedaba del Regimiento regresó a su antiguo cuartel de Retiro para depositar lo que quedaba de sus armas, y fue disuelto. Algunos de sus jefes y oficiales pasaron a otros cuerpos de reciente creación o a escoltar al gran enemigo de su general y de la gesta sanmartiniana: a Rivadavia, el inventor de la deuda externa, que prometía primer mundo mientras procuraba convertirnos en una próspera colonia a las órdenes de Londres. De esa deuda, Rosas pagó algo, y el resto -120 años después- la saldó Perón. Así que tuvo bastante éxito con su modelo de coloniaje, pero la prosperidad nos la quedó debiendo.



Este fue el camino por el que se transitó hacia la segunda conquista, destruyendo los sueños de soberanía que habían llegado con la Revolución de Mayo, con el grito de independencia en Tucumán, y con la victoria militar de los Libertadores de América.

Y esta segunda conquista se concretó entre 1852 y 1946, cuando –ya sin Rosas- se abrieron de par en par las puertas para que Europa nos reduzca durante esos 94 años a ser proveedores de materias primas y compradores compulsivos de productos elaborados. No es poco: casi un siglo.



Pero por la década de 1920 algunos oficiales del Ejército Argentino comenzaron a discutir la necesidad de desarrollar tecnología nacional para lograr autonomía económica y autodeterminación política. Entre ellos:

·        Enrique Mosconi >>>>>>> promotor de la producción nacional de petróleo y combustibles

·        Manuel Savio >>>>>>>>> padre de la siderurgia nacional

·        Francisco de Arteaga >>> pionero en la producción de aeronaves

Eran tiempos en los que en nuestro país se importaba TODO. Y llegó  el peronismo que puso en marcha POR PRIMERA VEZ un modelo de país.

El primer peronismo  se encargó de motorizar esos sueños consolidando las bases de la industria nacional, que a su vez se apoyaron en las tres columnas del modelo de país: soberanía política, independencia económica y justicia social. Se promulgaron los Derechos del Trabajador, se puso en marcha el Plan Quinquenal, se decretó la Independencia Económica al pagar la deuda externa (aquella que venía desde hacía 120 años, contraída por Rivadavia) y se aprobó el voto femenino. Y ese proceso culminó dos años después, con la Constitución del ’49, que sentó las bases para un modelo de país con un perfil exportador, con la profundización de la sustitución de importaciones,  con una banca con sentido nacional, leyes laborales y distribución de la riqueza. La Constitución del ’49 fue realmente revolucionaria: incorporó como derechos constitucionales los del trabajo, la niñez y la ancianidad; el voto femenino, la provincialización de los antiguos territorios nacionales, la elección directa del presidente y vice, y su reelección. Una Patria nueva con reglas de juego nuevas…

hasta 1955, cuando el golpe militar que terminó con el primer peronismo terminó también con este modelo de país para volver al modelo de colonia. La Revolución Fusiladora pactó el ingreso del FMI, se derogaron impuestos a la oligarquía, se cerraron las paritarias, y se comenzó un proceso de endeudamiento externo,  desindustrialización y avance de las multinacionales, que a través de distintas fases se mantuvo en el gobierno hasta el año 2003. Por supuesto, también se derogó la Constitución del 49: una constitución para fundar un modelo de país era un obstáculo para la reinstalación del modelo de colonia.

El argumento para derogarla fue que la Constituyente estuvo mal convocada (una falacia: fue convocada de la misma manera que todas las otras reformas) y por el artículo 78 que permitía la reelección de presidente y vice.

Pero en realidad, lo que molestaba para la reinstauración del modelo de colonia eran sus artículos 37, 38, 39 y 40 que establecen los derechos especiales y un criterio de interpretación sobre cómo realizarlos: es el núcleo de la Justicia Social.

Lo interesante es que esa constitución fue derogada en 1956 por un bando militar, un decreto, así que técnicamente podríamos argumentar que sigue vigente. No está derogada sino “desaparecida”.



La derecha, con su modelo de colonia, fue gobierno en Argentina en el siglo XX casi exclusivamente a través de golpes de Estado: se logró imponer a través de las dictaduras, o condicionando democracias frágiles y con proscripción de las mayorías.

 El menemismo fue una bisagra histórica: le sirvió de Caballo de Troya para permitirle al neoliberalismo desembarcar por segunda vez en 1989, esta vez con el voto de los que tenían hambre de trabajo y distribución de la riqueza. El menemismo prometió revolución productiva y salariazo, pero en cuanto estuvo dentro de la Rosada liberó importaciones, aumentó la deuda externa y trajo flexibilización laboral, más desocupación y pobreza. Y una vez que estuvo desgastado, fue abandonado por los centros financieros de poder, pero tuvo continuidad con la Alianza.

El saldo de esta segunda década infame inaugurada por Menem y continuada por De la Rúa dejó 24% de desocupación, muerte del aparato productivo por segunda vez en 25 años, 53% de argentinos bajo la línea de la pobreza y casi 150 mil millones de dólares de deuda externa.

La gran pregunta es ¿cómo logró sostenerse este modelo de colonia, de dependencia, durante más de una década, sin golpe de Estado?

En principio, avalado por el Congreso, donde un sector dejó de votar en defensa de la República e inauguró la Reforma del Estado con la que se remató el patrimonio que demandó un siglo y medio de trabajo construir. Y por un sector del sindicalismo que de la mano de las privatizaciones se convirtió en empresario.



Y llegamos a  Néstor Kirchner animándose a buscar la presidencia que pocos querían y a pensar una gobernabilidad distinta que nadie proponía como viable: volver a un modelo de país, basado en el desendeudamiento externo, la sustitución de importaciones (con Cristina se iba a extender a la sustitución de exportaciones), la vuelta a una banca nacional en la que el sistema financiero se subordine al económico y el sistema económico se subordine al sistema productivo, un proceso de industrialización con generación de empleo protegido, redistribución de la riqueza, recuperación del poder adquisitivo y reapertura de paritarias, extensión y universalización de derechos (“para todos y todas”), recuperación de las empresas públicas que habían sido privatizadas… ¡en síntesis, un modelo de país y de Estado! que dejó varios pendientes: la reforma constitucional, la estatización de servicios esenciales, la democratización del poder judicial (que tiene estilos cortesanos, más propios de los sistemas monárquicos)…



La novedad llegó con Cambiemos, con la incorporación de CEOs para la conformación del gabinete. Por primera vez, en forma directa, el poder real tomó la conducción del gobierno.

Un informe fresquito, de este año, de la Universidad Nacional de San Martín da cuenta de que 3 de cada 10 funcionarios jerárquicos convocados por Macri ocuparon alguna vez un puesto gerencial en el sector privado: 114 ejecutivos de las principales compañías y estudios de abogados del país están ocupando alguno de los 367 cargos de ministro, secretario o subsecretario. Así es como el modelo de colonia pasó de la intermediación al protagonismo político.



A pesar de estas mutaciones –de forma pero no de contenido- el modelo neoliberal de colonia se mantuvo consistente en el tiempo. Y la evidencia la proveyó el mismísimo Mauricio Macri al contar en una entrevista quiénes son sus referentes políticos: Cacciatore, Menem y Frondizi.

Osvaldo Cacciatore, como intendente de facto de la Ciudad de Buenos Aires entre 1976 y 1982, participó de la dictadura que introdujo el modelo neoliberal de la mano de Martínez de Hoz, y representa las interrupciones constitucionales que arrasaron con el país durante todo el siglo XX. Es el representante de un sector que entendió que los caminos para confrontar con los opositores eran la muerte, la cárcel y el exilio.

Carlos Menem significó la primera instalación del neoliberalismo en el gobierno con apoyatura constitucional: con leyes en lugar de decretos, con la legitimación en las urnas de la ejecución del modelo de colonia.

Arturo Frondizi olvidó sus raíces yrigoyenistas en cuanto asumió a la presidencia (1958-1962) y cedió a cada una de las presiones del partido militar esperando una lluvia de inversiones que nunca llegó, fue quien puso el petróleo al servicio de las multinacionales, fue el represor del Plan CONINTES, el que cerró miles de kilómetros de vías de ferrocarril; el que debutó como privatizador con la entrega del frigorífico Lisandro de la Torre; el que jugó a favor de la educación privada en la disputa “laica o libre”, el que puso cuatro ministros de economía neoliberales para anti-distribuir la riqueza...

Mauricio Macri los reivindica como sus referentes políticos, y Cambiemos consolida cada día su modelo de colonia sin cometer ningún error.



Volvamos a preguntarnos, ¿cómo es que sigue sosteniéndose este modelo? ¿Cómo es que logró legitimarse a través del voto?

Bertold Brecht es el autor de una frase de una lucidez maravillosa: “el peor ignorante es el analfabeto político”. Y lo es porque va generando miseria con cada decisión, a cada paso y NO SE DA CUENTA.

Y no se da cuenta, porque su posibilidad de concientización está siendo enajenada permanentemente por los medios corporativos de comunicación (que también son grandes corporaciones empresariales y por lo tanto se benefician con este modelo de colonia, que promueven y sostienen). Por eso a través de ellos, de su comportamiento, también podemos ver la consistencia del modelo:



DICTADURA DEL 76
‘90
Revolución de la Alegría
Papel Prensa: a Clarín, La Nación y La Razón
·        Apropiada a la familia Graiver
·        Vendida a las empresas periodísticas a precio vil que nunca pagaron.
·        Única empresa que produce papel de diario en el país
·        Y se lo provee a alto precio a las otras empresas periodísticas
Le entregaron Canal 13 a Clarín
(las privatizaciones comenzaron estratégicamente por los medios de comunicación)
Se les entregó la televisación del fútbol, a través del que crearon su casi monopolio de cable.
Suspensión de la aplicación de la Ley de Medios
Se absuelve a todos en la causa Papel Prensa y la querellante Lidia Papaleo tiene que pagar las costas del juicio.
Además, el Grupo Clarín recibe la explotación de 4G para telefonía (una tecnología desarrollada en nuestro país gracias a ARSAT, y esos satélites que dijeron que eran lavarropas que lanzábamos al espacio) y a través de sus socios de la explotación del fútbol, que le interesa en tanto herramienta para monopolizar la explotación del sistema de televisación por cable.

La Nación inaugura su canal de cable.
Editorial Atlántida (Vigil): Revistas Gente y Para Ti – Promueven la campaña “Somos derechos y humanos” mientras sesiona la CIDH (1979)
Le entregaron Canal 11
Sus principales revistas siguen siendo Gente y Para Ti. Ya no pertenece a la flia Vigil sino a Televisa. Este año cerró la redacción local de casi todas sus revistas, cuyos contenidos ahora se producen en el exterior para reducir costos.

Volvió la CIDH para tratar el caso de Milagro Sala y los presos políticos.



Quienes proponemos un modelo de país no perseguimos un país utópico: queremos que nos dejen construir el país que fuimos y por eso sabemos que podemos ser. Queremos poner patas para arriba la estructura de este modelo de colonia para construir un modelo de país justo, libre y soberano.

Para eso necesitamos construir memoria, juntos, colectivamente, porque sin memoria no hay verdad, y sin verdad no puede construirse nada que valga la pena.

Esto lo entendieron muy bien quienes se deshicieron de los documentos del juramento de lealtad al imperio británico en cuanto Beresford fue derrotado y Buenos Aires reconquistada. Sin embargo, los invasores no olvidaron: los Martínez de Hoz y los encumbrados vecinos de la élite porteña fueron protegidos, y borrar la memoria de los hechos fue parte de eso.

Lo entendió muy bien Rivadavia cuando desapareció de la memoria a los Granaderos y los soldados del Ejército de los Andes, no reconociéndoles deudas ni honores. Ni su nombre.

Lo entendió muy bien Mitre, que escribió una deshistoria de la Patria y fundó el diario La Nación como tribuna de doctrina para divulgarla. Y ahora sigue haciéndolo a través del cable.

Así nos fueron privando de nuestra identidad histórica. No es casualidad que en nuestro país coexistan la desaparición de la verdad histórica y la privación de nuestra identidad como Pueblo, con la desaparición de personas y la privación de la identidad de miles de niños y niñas bajo las distintas formas de apropiación, cuya expresión más dramática y atroz fue la apropiación durante la dictadura, pero no es la única ni ha terminado.

Lo entienden muy bien los medios corporativos de comunicación, que contaminan el espacio comunicacional con hechos irrelevantes, con medias verdades y con mentiras, creando un sentido común cada vez más alejado de la realidad.

Lo entendió muy bien Mauricio Macri cuando el 16 de enero de 2016, apenas cumplido un mes de mandato, disolvió a través de un DECRETO DE NECESIDAD Y URGENCIA el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, que había sido creado 5 años antes para alimentar investigaciones sobre nuestro pasado desde una óptica diferente a esta mirada colonialista liberal que nos priva de la verdad sobre nuestra identidad. Y de un decretazo volvió a proscribir a pensadores nacionales de la talla de José María Rosa, Jorge Abelardo Ramos, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortíz, Fermín Chávez, Juan José Hernández Arregui, Jorge Eneas Spilimbergo, Alberto Methol Ferré, y Manuel Ugarte. Seguramente varios de estos nombres les suenan ajenos, ¿no? No es casualidad: el modelo de colonia es incompatible con ellos y los borra a través de su desconocimiento.

Lo entendió muy bien Federico Stürzenegger, al borrar de los billetes a “próceres muertos, que ahora representan un ser viviente que invita a pensar en el futuro y no en el pasado”, como dijo cuando presentó los nuevos billetes ilustrados con “peluches” (el sustantivo es suyo, no mío).

Así es como se construye un relato sin protagonismo popular, sin luchas, sin desaparecidos, sin muertos ni presos políticos, sin exilio, sin conquistas… en fin, sin historia. Sólo hay alegría. No esa alegría de la que nos habla Arturo Jauretche, la alegría de conquistar derechos, frente al rencor de perder privilegios. La que proponen es una  alegría tonta, hueca, sin ideas, sólo de consignas (SÍ, SE PUEDE; VAMOS; TODOS JUNTOS; LO QUE SUCEDE CONVIENE). 

Por eso quizás quien mejor lo entendió fue Alejandro Rozitchner, el “filósofo” del gobierno que puso a todo el gabinete nacional a tratar de convencernos de que debemos abandonar el pensamiento crítico, al que acusa de dañoso, y contrario al entusiasmo y al optimismo.

¡CUIDADO! NOS ADVERTIRÍA JOHN WILLIAM COOKE: “EN UN PAÍS COLONIAL, LAS OLIGARQUÍAS SON DUEÑAS DE LOS DICCIONARIOS”.



Cuando comenzamos les conté que la hipótesis a partir de la que comencé a pensar en todo esto, es que LA REVOLUCIÓN DE MAYO ES UNA REVOLUCIÓN INCONCLUSA. Y que somos herederos de estas batallas entre quienes luchan por un modelo de país y quienes lo hacen por un modelo de colonia.

Si les resulté provocativa, o en algún momento las enojé, eso también formó parte de mi intención. Por eso les reitero mi invitación a que se tomen el desafío de refutarla. Y si en el camino se tropiezan con alguna verdad y con alguna certeza, celébrenla. Y compártanla. Aunque duela, porque la verdad suele doler, y muchas veces cuando se revela nos trae vergüenza. Pero siempre es mejor asumir la vergüenza histórica que repetir históricas vergüenzas. Porque como nos enseñó Rodolfo Walsh, LA VERDAD SE MILITA.

Y para un maestro, para un profesor, la militancia de la verdad no es una opción. Es una obligación.

Viviana Taylor

31 de mayo de 2017

Un agradecimiento especial a Andrea Montenegro por la fotografía.